Cancel culture: ¿en el amor y el arte todo vale?

CASTELLANO

En lo que hoy en día se considera “la generación de cristal”, por su gran sensibilidad y complejo de salvador, ha surgido una nueva pregunta que fue ignorada durante muchos años, y es que ¿vale todo en el arte? 

Otra forma de plantear la pregunta es la siguiente: ¿hemos de unir al artista con su obra o han de ser entidades separadas?  

Estas cuestiones han causado un gran revuelo en el mundo del arte debido a que las posiciones respectos a ambas son totalmente opuestas.  Los más tradicionales excusan los malos hábitos de los artistas con el gran y único talento que poseen, mientras que aquellos concienciados y conocedores de los problemas de la sociedad actual defienden la famosa cancel culture.  

Así empieza nuestro artículo de hoy, con una breve explicación para el lector de qué es este nuevo fenómeno que ha nacido recientemente a través de las diferentes plataformas digitales. La cancel culture se explica como una reacción en masa por parte del público a las acciones tomadas por sus artistas favoritos, sean músicos, actores, bailarines, pintores, etc. Esta reacción no tiene ningún parecido con los típicos insultos a los que estamos acostumbrados. Esta vez, aquellos indignados con el comportamiento del artista tratarán de encargarse de que todo lo que lleve el nombre del artista caiga en el olvido y, eventualmente, también el creador.  

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Pero, ¿es esta la reacción adecuada a errores que cometen aquellos con una cierta repercusión social? 

Es aquí cuando nos adentramos en la visión más tradicional, en esa que defiende que la obra no tiene ningún tipo de relación con las decisiones externas tomadas por el artista, por lo que es aceptable seguir consumiéndola e incluso apoyando al artista, ya que muchos piensan que aquello que otorga la genialidad a los grandes es la locura que les caracteriza.  

Vamos a presentar varios casos de ejemplo para ver cómo son realmente las reacciones del público frente a acusaciones dañinas contra sus artistas favoritos y comprobar si, realmente, la cancel culture funciona.  

Woody Allen, famoso director, guionista, actor, músico y comediante neoyorquino de 85 años, ha vivido una carrera manchada por las numerosas acusaciones de presunto abuso sexual hacia distintas mujeres que han estado en su vida, pero, sobre todo, por la acusación de abuso sexual contra su hija adoptiva de siete años, Dylan Farrow.  

Woody Allen. Foto: Miguel Medina

A pesar de que las acusaciones de Farrow se demostraron falsas y que el resto no llegasen a tener ningún tipo de repercusión mediática, Allen ha visto su carrera ensombrecida por aquellas palabras: las productoras no querían trabajar con él, al igual que muchos actores y las propias editoriales no querían publicar sus memorias. 

Woody Allen ha conseguido volver a la gran pantalla con películas como Un día de lluvia en Nueva York (2019) o Rifkin’s festival (2020), por lo que se deduce que, a pesar del descontento de muchos, el famoso director no ha caído en el olvido, pero su nombre ha quedado manchado para siempre y su carrera dañada, impidiéndole alcanzar todo su potencial como artista.  

Otro caso que nos permite hacer un claro análisis de la relación del público con los artistas es el mediático caso de Johnny Depp Amber Heard, cuya separación tuvo lugar en 2016 pero que sigue teniendo una clara repercusión hasta el día de hoy por su complicado desarrollo.  

La actriz Amber Heard demandó a Depp por violencia de género en su demanda de divorcio, lo cual resultó un duro golpe para la carrera del actor, quien perdió numerosos papeles y fue difamado por los medios sin haber presentado Amber Heard pruebas que mostraran la culpabilidad de su ex-marido. Solo recientemente han salido a la luz distintos audios y testigos que prueban la inocencia de Depp y señalan los maltratos que este sufría por parte de Heard. 

Johnny Depp y Amber Heard en 2016.

A pesar de que Heard ha sido declarada como culpable de maltrato contra Johnny Depp, esta consiguió mantener su papel en la aclamada película de Aquaman (2018), mientras que Depp fue despedido del rodaje de Animales fantásticos 3, debido a la controversia y escándalo que rodean al actor.  

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Kanye West es otro de los hombres que causó un gran revuelo en el mundo de la música al empezar una fuerte pelea contra la cantante Taylor Swift.  

A pesar de que a día de hoy parece haber muerto la guerra entre ambos artistas, en su momento el rapero le dedico letras como made that bitch famous (Hice a esa zorra famosa) o feel like me and Taylor would still have sex (Creo que yo y Taylor aún tendríamos sexo) en una de sus canciones más controversiales “Famous”.  

Kanye West y Taylor Swift en los MTV Music Awards 2009 / Kevin Mazur (Getty Images)

A pesar de la fuerte batalla que se llevó a cabo entre ambos artistas, Swift recibió una gran cantidad de comentarios de odio por parte de los fanes del rapero. Mantuvo su fama e incluso consiguió sacar provecho de la situación, mientras que West continuó con su carrera.  

A nivel internacional nos encontramos con el problema de la apropiación cultural y el uso de la popular “N word”.

Estos problemas han surgido sobre todo en el mundo del K-POP, donde artistas, como los grupos femeninos (G)I-DLE Mamamoo entre muchos otros, han sido reprochados por haber hecho uso de peinados típicos africanos o vestimentas tradicionales de distintos países como simples complementos o de forma peyorativa. En la mayoría de casos, cuando alguno de estos grupos cae en la ignorancia cultural, suelen ser las empresas bajo las que trabajan las que publican un comunicado oficial de disculpa, respaldándose, en la mayoría de casos, en el desconocimiento tanto del equipo como de los propios idols. 

Fondo de carácter musulmán durante una de las actuaciones del grupo coreano (G)I-DLE.

Estos solo son algunos de los casos más recientes, pero podemos comprobar cómo a lo largo de la historia que este patrón se repite en artistas como Picasso, Klimt, las famosas Kardashian, Warhol, Justin Bieber, etc. Y nadie ha dejado de asombrarse al ver un Picasso, “El beso” de Klimt o al escuchar algunas de las canciones del cantante canadiense.  

La conclusión a la que este análisis nos lleva no es exacta, es decir, no se pueden establecer unas claras normas sobre cómo actuar en caso de que tu artista favorito actúe de forma inadecuada, pero sí que podemos llegar a un consenso. 

Los artistas son personas normales como todos, al fin y al cabo, solo que sus problemas salen a la luz y toman una magnitud colosal por su fuerte papel e influencia en la sociedad. 

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¿Debemos separar a la obra del artista? En parte, siempre se puede disfrutar de forma aislada el contenido de un artista problemático, pero no olvidemos que de forma indirecta estamos apoyándolo no solo de forma económica, sino también ayudamos a proteger y cubrir aquellos actos que los convierten, a veces, en personas de moral cuestionable. No podemos excusar sus acciones en el talento que poseen porque aplicaríamos un tratamiento especial hacia ellos, cuando lo único que los separa de nosotros es su posición en un mundo privilegiado.  

Al igual, en los casos más leves, tampoco podemos aplicar la cancel culture ya que no permitimos que estas personalidades crezcan y aprendan.  

A lo largo de la historia muchos de los personajes artísticos han presentado comportamientos deplorables, pero el ser humano se siente tan irremediablemente atraído hacia el arte que parece que tendemos a olvidar y perdonar a aquellos que realmente se esconden detrás de algunas de las maravillas del mundo.  


CANCEL CULTURE: ¿A l’amor i a l’art tot val?

VALENCIÀ / CATALÀ

En el que hui en dia es considera “la generació de vidre“, per la seua gran sensibilitat i complex de salvador, ha sorgit una nova pregunta que va ser ignorada durant molts anys, i és que val tot a l’art?

Una altra forma de plantejar la pregunta és la següent: Hem d’unir l’artista amb la seva obra o han de ser entitats separades?

Aquestes qüestions han causat un gran enrenou en el món de l’art pel fet que les posicions respecte a aquestes són totalment oposades.

Els més tradicionals excusen els mals hàbits dels artistes amb el gran i únic talent que posseeixen, mentre que aquells conscienciats i coneixedors dels problemes de la societat actual defensen la famosa cancel culture.

Així comença el nostre article de hui, amb una breu explicació per al lector de què és aquest nou fenomen que ha nascut recentment a través de les diferents plataformes digitals. La cancel culture s’explica com una reacció en massa per part del públic a les accions preses pels seus artistes favorits, siguen músics; actors; ballarins; pintors, etc. Aquesta reacció no té cap semblança amb els típics insults als quals estem acostumats, sinó que, aquells indignats amb el comportament de l’artista, intentaran encarregar-se que tot allò que porte el nom de l’artista caigua en l’oblit i, eventualment, també el creador.

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Però, és aquesta la reacció adequada a errors que, com tots, cometen aquells amb una certa repercussió social?

És ací quan ens endinsem en la visió més tradicional, en aquella que defensa que l’obra no té cap classe de relació amb les decisions externes preses per l’artista, per la qual cosa és acceptable seguir consumint i fins i tot donant suport a l’artista, ja que molts pensen que allò que atorga la genialitat als grans és la bogeria que els caracteritza.

Presentarem diversos casos per veure com són realment les reaccions del públic davant d’acusacions nocives contra els seus artistes favorits i comprovar si, realment, la cancel culture funciona.

Woody Allen famós director, guionista, actor, músic i comediant novaiorqués de 85 anys ha viscut una carrera tacada per les nombroses acusacions de presumpte abús sexual cap a diferents dones que han estat en la seua vida, però, sobretot, per l’acusació d’abús sexual contra la seua filla adoptiva de set anys, en el moment, Dylan Farrow.

Woody Allen. Foto: Miguel Medina

Tot i que les acusacions de Farrow es demostraran falses i que la resta no arribaren a tindre cap mena de repercussió mediàtica, Allen ha vist la seua carrera enfosquida per aquelles paraules: les productores no volien treballar amb ell, igual que molts actors i les mateixes editorials no volien publicar les seues memòries.

Woody Allen ha aconseguit tornar a la gran pantalla amb pel·lícules com Un día de lluvia en Nueva York (2019) o Rifkin ‘s festival (2020), per la qual cosa es dedueix que, tot i el descontentament de molts, el famós director no ha caigut en l’oblit, però el seu nom ha quedat tacat per sempre i la seua carrera danyada, impedint-assolir tot el seu potencial com a artista.

Un altre cas que ens permet fer un clar anàlisi de la relació del públic amb els artistes és el mediàtic cas de Johnny Depp i Amber Heard. La separació va tindre lloc el 2016, però segueix tenint una clara repercussió fins al dia de hui pel seu complicat desenvolupament.

L’actriu Amber Heard va demandar Depp per violència de gènere en la seua demanda de divorci, la qual cosa va resultar un dur cop per a la carrera de l’actor, que va perdre nombrosos papers i va ser difamat pels mitjans sense haver presentat Heard proves que mostraren la culpabilitat del seu exmarit. Només recentment han sortit a la llum diferents àudios i testimonis que proven la innocència de Depp i assenyalen els maltractaments que aquest patia per part de Heard.

Johnny Depp i Amber Heard en 2016.

Tot i que Heard ha estat declarada com a culpable de maltractament contra Johnny Depp, aquesta va aconseguir mantindre el seu paper en l’aclamada pel·lícula d’Aquaman (2018), mentre que Depp va ser acomiadat del rodatge de Animales fantásticos 3, a causa de la controvèrsia i escàndol que envolten a l’actor.

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Kanye West és un altre dels homes que va causar un gran enrenou en el món de la música en començar una forta baralla contra la cantant Taylor Swift.

Tot i que el dia de hui sembla haver mort la guerra entre els dos artistes, al seu moment el raper li dedicà lletres com I made that bitch famous (Vaig fer a aquesta puta famosa) o I feel like me and Taylor would still have sex (crec que jo i Taylor encara tindríem sexe) en una de les seues cançons més controvertides “Famous”.

Kanye West i Taylor Swift als MTV Music Awards 2009 / Kevin Mazur (Getty Images)

Tot i la forta batalla que es va dur a terme entre els dos artistes, Swift va rebre una gran quantitat de comentaris d’odi per part dels fans del raper, Va mantidre la seua fama i fins i tot va aconseguir traure profit de la situació, mentre que West va continuar amb la seua cursa.

A nivell internacional ens trobem amb el problema de l’apropiació cultural i l’ús de la popular “N word“.

Aquests problemes han sorgit sobretot en el món del K-POP, on artistes, com els grups femenins (G) I-DLE o Mamamoo entre molts altres, han estat retrets per haver fet ús de pentinats típics africans o vestimentes tradicionals de diferents països com a simples complements o de forma pejorativa. En la majoria de casos, quan algun d’aquests grups cau en la ignorància cultural, solen ser les empreses sota les quals treballen les que publiquen un comunicat oficial de disculpa, recolzant-se, en la majoria de casos, en el desconeixement tant de l’equip com dels propis idols.

Fons de caràcter musulmà durant una de les actuacions de el grup coreà (G) I-DLE.

Aquests només són alguns dels casos més recents, però podem comprovar com al llarg de la història que aquest patró es repeteix en artistes com Picasso, Klimt, les famoses Kardashian, Warhol, Justin Bieber, etc. I ningú ha deixat de sorprendre el veure un Picasso, “El petó” de Klimt o en escoltar algunes de les cançons del cantant canadenc.

La conclusió a la qual aquesta anàlisi ens porta no és exacta, és a dir, no es poden establir unes clares normes sobre com actuar en cas que el teu artista favorit actue de manera inadequada, però sí que podem arribar a un consens.

Els artistes són persones normals com tothom, a la fi i al cap, només que els seus problemes surten a la llum i prenen una magnitud colossal per el seu fort paper i influència en la societat.

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Hem de separar l’obra de l’artista? En part, sempre es pot gaudir de forma aïllada el contingut d’un artista problemàtic, però no oblidem que de forma indirecta estem donant-li suport no només de forma econòmica, sinó també ajudem a protegir i cobrir aquells actes que els converteixen, a vegades, en persones de moral qüestionable. No podem excusar les seues accions en el talent que posseeixen perquè aplicaríem un tractament especial cap a ells, quan l’únic que els separa de nosaltres és la seua posició en un món privilegiat.

A l’igual, en els casos més lleus, tampoc podem aplicar la cancel culture, ja que no permetem que aquestes personalitats creixen i aprenguen.

Al llarg de la història molts dels personatges artístics han presentat comportaments deplorables, però l’ésser humà se sent tan irremeiablement atret cap a l’art que sembla que tendim a oblidar i perdonar aquells que realment s’amaguen darrere d’algunes de les meravelles de món.

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