Las enfermedades mentales existen en cualquier época histórica y pueden controlar nuestras vidas

CASTELLANO

Son muchas las personas que se han sentido condicionadas por los trastornos mentales que han sufrido a lo largo de sus vidas. Durante la Edad Media, a la gente con enfermedades mentales se la trataba como poseída, especialmente por parte de la Iglesia; por lo tanto, el tratamiento era la tortura o la hoguera para “liberar el alma”.

Y no hace falta remontarnos tan lejos. En la Europa del siglo XIX se desarrollaron numerosos manicomios, donde la tortura era camuflada como cura. Se practicaban locuras como ahogamientos en bañeras y golpes en la espalda “para exiliar al demonio”. Muchos personajes históricos sufrieron diferentes alteraciones mentales. Por ejemplo, según fuentes históricas, el compositor alemán Robert Schumann era esquizofrénico, la actriz Marilyn Monroe sufría depresión, al científico Nikola Tesla le detectaron un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) de tipo numerológico y a Vincent Van Gogh le confirmaron que padecía epilepsia. Y para demostrar que no es cuestión de épocas ni pasado, actualmente y gracias a sus propias declaraciones, sabemos que la cantante Billie Eilish padece síndrome de Tourette, la joven activista Greta Thunberg tiene asperger y Selena Gómez sufre bipolaridad. Las enfermedades mentales no perdonan a nadie y la clave es aprender a convivir con ellas y no dejar que impidan seguir con una vida normal en caso de que no puedan curarse con tratamiento.

Imagen de Billie Eilish hablando sobre el síndrome de Tourette que padece en The Ellen Show.

En el momento en que la COVID-19 llegó a nuestras vidas, trajo consigo una intensa crisis de salud mental. Se realizaron estudios para comprobar hasta qué punto la cuarentena y el miedo había afectado a la población. Fueron estudiadas casi 7.000 personas de 59 países diferentes. Un 25,4% de personas sufrió síntomas moderados y graves de depresión y un 19,5% de ansiedad en la primera ola de la pandemia, según los expertos en psicología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Además, se comprobó que para gran parte de la sociedad la pandemia ha sido un evento traumático, debido a que el porcentaje de síntomas de estrés postraumático ascendía a un 68,5% de los entrevistados. “Aún no podemos determinar cuál es el coste psicológico de esta situación”, explicaron Elisabet Alzueta y Juan Carlos Arango, investigadores de la UAM.

Este estudio también investigó sobre la propensión a sufrir ansiedad, fobia social y trastornos depresivos. Como ya decía, no hay edad ni momento predeterminado para vivir condicionado por una enfermedad mental: todo el mundo puede padecer este problema en cualquier momento de su vida. Según el mismo estudio, las características demográficas influyen en la propensión. “Ser una mujer joven, pertenecer a un país de altos ingresos y estar soltera es una combinación de riesgo ante el impacto de la pandemia”, informó Elisabet Alzueta. También se resaltó que la edad está generalmente asociada a una mejor regulación emocional porque, a pesar de que son población de riesgo por la COVID-19, las personas mayores no son las más afectadas psicológicamente, mientras que los adolescentes han sido las víctimas favoritas de los problemas de autoestima y síntomas de depresión durante la pandemia debido a la inestabilidad emocional que se incrementó con la cuarentena.

Imagen de Nikola Tesla de un fotógrafo desconocido, 1915.

La pandemia también ha revelado la insuficiencia de los servicios de salud mental en España que, si ya eran pobres antes de la COVID-19, hoy son raquíticos ante los problemas de la población. “Necesitamos más recursos y adaptaciones del ejercicio de la profesión a formatos a distancia”, aseguraron los consultados. Se requiere una preparación ante la próxima ola, que según afirman muchos médicos, será principalmente mental. “Tenemos que ser innovadores y cambiar la forma de salud mental para llegar a todo”, aseguró Celso Arango, jefe de Psiquiatría del hospital Gregorio Marañón de Madrid. Pero hay que poner de nuestra parte. Como ya se mencionó antes, estos asuntos se pueden controlar, tergiversar e incluso se puede engañar al cerebro. Es elemental vivir sin dejarse condicionar por un trastorno.

Los antidepresivos y los tranquilizantes son, sorprendentemente, los medicamentos más vendidos en la actualidad, lo que demuestra que las compañías farmacéuticas se han convertido en unas de las más poderosas a nivel económico. Además, han conseguido aprovechar su influencia para salir ganando: según los psicólogos que han contactado con entidades farmacéuticas, “estar triste por la muerte de un familiar o ser un niño respondón son trastornos mentales que necesitarían medicación y tratamiento”. Y los padres, tan atentos y preocupados, ¿llevarán a sus hijos al médico para que se les recete pastillas contra el mal humor cuando puede ser un simple berrinche? Las farmacias están utilizando cualquier excusa para recetar antidepresivos y quizá ni siquiera están valorando la situación como se debería.

Y en relación con la poca atención que prestamos a los trastornos mentales, tenemos que ser conscientes de que están ahí, queramos o no, y de que no solo existe la depresión. La mayor parte de la población tiene un concepto mental equivocado de casi todas las enfermedades que no sufre personalmente. La desinformación acaba con nosotros poco a poco y eso es un hecho. La solución sería abrir la mente, conseguir que los centros educativos expongan una explicación general a todo el mundo en algún momento del itinerario escolar para dar visibilidad y dejar de romantizar los problemas mentales, porque no se trata de maquillarlos, sino de saber que están presentes, tenerlos en cuenta y actuar con esta información en mente.

Las enfermedades mentales más romantizadas por excelencia en esta época millennial son la ansiedad, la bulimia, la anorexia, los ataques de pánico y la bipolaridad. La ansiedad no es un conjunto de nervios por una primera cita, sino una respuesta de anticipación involuntaria del organismo frente a cualquier tipo de estímulo que se considere peligroso para el individuo que la sufre. Y de igual manera, la bulimia y la anorexia no son actos de princesa, sino problemas reales que comienzan con pequeños vómitos y alteraciones en una dieta que muchas veces desembocan en la muerte. Se necesita un cambio en la mentalidad de la población mundial, una fuente de información y visibilidad, y debe ser a partir de ahora mismo.


VALENCIÀ / CATALÀ

Les malalties mentals existeixen en qualsevol època històrica i poden controlar les nostres vides

Són moltes les persones que s’han sentit condicionades pels trastorns mentals que han patit al llarg de les seues vides. Durant l’Edat Mitjana, a la gent amb malalties mentals se la tractava com posseïda, especialment per part de l’Església; per tant, el tractament era la tortura o la foguera per a “alliberar l’ànima”.

I no fa falta remuntar-nos tan lluny. A l’Europa del segle XIX, es van desenvolupar nombrosos manicomis, on la tortura era camuflada com a cura. Es practicaven bogeries com ofegaments en banyeres i colps en l’esquena “per exiliar el dimoni”. Molts personatges històrics van patir diferents alteracions mentals. Per exemple, segons fonts històriques, el compositor alemany Robert Schumann era esquizofrènic, l’actriu Marilyn Monroe patia depressió, al científic Nikola Tesla li van detectar un TOC (Trastorn Obsessiu Compulsiu) de tipus numerològic  i a Vincent Van Gogh li confirmaren que patia epilèpsia.

I per a demostrar que no és qüestió d’èpoques ni passat, actualment i gràcies a les seues pròpies declaracions, sabem que la cantant Billie Eilish pateix síndrome de Tourette, la jove activista Greta Thunberg té aspergir i Selena Gómez conviu amb la bipolaritat. Les malalties mentals no perdonen ningú i la clau és aprendre a conviure amb elles i no deixar que impedeixen seguir amb una vida normal en el cas que no puguen curar-se amb tractament.

En el moment que la COVID-19 va arribar a les nostres vides, va portar una intensa crisi de salut mental. Es van realitzar estudis per comprovar fins quin punt la quarantena i la por havien afectat la població. Van ser estudiades quasi 7.000 persones de 59 països diferents. Un 25,4 % de persones va patir símptomes moderats i greus de depressió i un 19,5 % d’ansietat en la primera onada de la pandèmia, segons els experts en psicologia de la Universitat Autònoma de Madrid (UAM). A més, es va comprovar que per a gran part de la societat la pandèmia ha sigut un esdeveniment traumàtic ascendia a un 68,5 % dels entrevistats. “Encara no podem determinar quin és el cost psicològic d’aquesta situació”, van explicar Elisabet Alzueta i Juan Carlos Arango, investigadors de la UAM.

Aquest estudi també va investigar sobre la propensió a sofrir ansietat, fòbia social i trastorns depressius. Com ja deia, no hi ha edat ni moment predeterminat per a viure condicionat per una malaltia mental: tot el món pot patir aquest problema en qualsevol moment de la seua vida. Segons el mateix estudi, les característiques demogràfiques influeixen en la propensió. “Ser una dona jove, pertànyer a un país d’alts ingressos i estar soltera és una combinació de risc davant l’impacte de la pandèmia”, va informar Elisabet Alzueta. També es va ressaltar que l’edat està generalment associada a una millor regulació emocional perquè, a pesar de que són població de risc per la COVID-19, les persones majors no són les més afectades psicològicament, mentre que els adolescents han sigut les víctimes preferides dels problemes d’autoestima i símptomes de depressió durant la pandèmia degut a la inestabilitat emocional que es va incrementar amb la quarantena.

La pandèmia també ha revelat la insuficiència dels serveis de salut mental en Espanya que, si ja eren pobres abans de la COVID-19, hui són raquítics davant els problemes de la població. “Necessitem més recursos i adaptacions de l’exercici de la professió a formats a distància”, van assegurar els consultats. Es requereix una preparació davant la pròxima onada, que segons afirmen molts metges, serà principalment mental. “Tenim que ser innovadors i canviar la forma de salut mental per a arribar a tots”, va assegurar Celso Arango, cap de Psiquiatria de l’hospital Gregorio Marañón de Madrid. Però hi ha que posar de la nostra part. Com ja ha quedat anomenat, aquests assumptes es poden controlar, tergiversar e inclòs es pot enganyar al cervell. És elemental viure sense deixar-se condicionar per un trastorn.

Els antidepressius i tranquil·litzants són, sorprenentment, els medicaments més venuts en l’actualitat, el que demostra que les companyies farmacèutiques s’han convertit en unes de les més poderoses a nivell econòmic. A més, han aconseguit aprofitar la seua influència per a eixir guanyant: segons els psicòlegs que han contactat amb entitats farmacèutiques, “estar trist per la mort d’un familiar o ser un xiquet malcriat són trastorns mentals que necessitarien medicació i tractament”. I els pares, tan atents i preocupats, portaran els seus fills per a que se’ls recepte pastilles contra el mal humor quan pot ser un simple atac de ràbia? Les farmàcies estan utilitzant qualsevol excusa per receptar antidepressius i potser ni tan sols estan valorant la situació com es deuria.

I en relació amb la poca atenció que prestem als trastorns mentals, tenim que ser conscients que estan ací, vuiguem o no, i que no només existeix la depressió. La major part de la població té un concepte mental equivocat de quasi totes les malalties que no pateix personalment. La desinformació acaba amb nosaltres poc a poc i açò és un fet. La solució seria obrir la ment, aconseguir que els centres educatius exposen una explicació general a tothom en algun moment de l’itinerari escolar per donar visibilitat i deixar de romançar els problemes mentals, perquè no es tracta de maquillar-los, sinó de saber que estan presents, tenir-los en compte i actuar amb aquesta informació en ment.

Les malalties mentals més romançades per excel·lència en aquesta època mil·lenial són l’ansietat, la bulímia, l’anorèxia, els atacs de pànic i la bipolaritat. L’ansietat no és un conjunt de nervis per una primera cita, sinó una resposta d’anticipació involuntària de l’organisme front a qualsevol tipus d’estímul que es considere perillós per a l’individu que la pateix. I d’igual manera, la bulímia i l’anorèxia no són actes de princesa, sinó problemes reals que comencen amb xicotets vòmits i alteracions en una dieta que moltes vegades desemboquen en la mort. Es necessita un canvi en la mentalitat de la població mundial, una font d’informació i visibilitat, i deu ser a partir d’ara mateix.

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